Altas temperaturas afectan a Lucero, que confeso haber sudado mucho y sentirse mareada.
Cancún, 16 de septiembre de 2026.- La historia comenzó mucho antes de que Lucero y Mijares aparecieran sobre el escenario. Desde antes de las seis de la mañana, cuando todavía faltaban muchas horas para el concierto, algunos de sus seguidores ya habían comenzado a llegar a la Plaza de la Reforma.
La expectativa era grande, pero lo que sucedería durante el día superaría cualquier pronóstico.
Porque no se trataba solamente de una presentación más. Cancún se preparaba para recibir a dos de las voces más reconocidas de la música mexicana y a miles de admiradores que, en algunos casos, viajaron desde muy lejos para escucharlos en vivo.
Entre el público había fans de España, Chile, Cuba y otros países. Pero una de las historias que más llamó la atención fue la de Craciun Andreea Madalina, una joven de 34 años que llegó desde Rumania para reunirse con otras seguidoras, especialmente para estar cerca de Lucero y Mijares.
Había planeado viajar a Ciudad de México, pero cuando se enteró de que la pareja se presentaría en Cancún, la decisión fue inmediata: cambiar de destino, hacer las maletas y emprender un viaje de más de 24 horas.
La inversión, contó, fue prácticamente equivalente a lo que cuesta un automóvil. Pero había algo que para ella valía mucho más: la posibilidad de ver a sus artistas favoritos mucho más cerca de lo que habitualmente podía hacerlo en otros lugares.
Llegó dos días antes del concierto. Aprovechó para conocer la ciudad, ubicarse y tomarse unas pequeñas vacaciones antes de la gran noche. La espera había terminado y la recompensa estaba a punto de comenzar.
Una noche de independencia, música y contrastesLa Plaza de la Reforma se convirtió en un punto de encuentro para miles de personas. Familias, parejas, grupos de amigos y los llamados “chavorrucos” compartieron espacio con jóvenes que también llegaron para cantar los éxitos de dos artistas que han conseguido mantenerse vigentes a través de distintas generaciones.
Se estima que más de 18 mil personas estuvieron presentes en la celebración, que incluyó el Grito de Independencia pronunciado por la presidenta municipal, Ana Patricia Peralta.
Pero la noche tuvo de todo.Primero llegó la lluvia, que se dejó sentir poco antes del Grito. Después, el calor. Una noche particularmente calurosa, con temperaturas que durante estos días han superado los 33 y 34 grados centígrados, y que también se hizo presente sobre el escenario, donde la iluminación seguramente provocó temperaturas aún mayores.
Lucero lo resintió.Ya hacia el final del concierto, la cantante se sentó en varias ocasiones, tomó agua, un refresco y se le vio constantemente ponerse paños sobre las muñecas, posiblemente con agua fría, en un momento de la noche comentó que estaba sudando mucho y explicó que cuando tiene mucho calor llega a marearse.
Mijares, fiel a ese sentido del humor que ambos han mostrado durante su trabajo conjunto, aprovechó para bromear con ella y atribuirlo quizá al traje de charro que llevaba puesto momentos antes. Incluso hubo un momento en el que él se sentó frente a ella, muy al pendiente de su estado.
Más tarde en redes sociales y ante el revuelo que provocó su inusual comportamiento sobre el escenario, la propia Lucero aclaró en redes sociales lo sucedido.
“Siento que al sudar tanto porque hacía mucho calorcito, como que me deshidraté un poco tal vez. Me sentía como un poco mareada y algo cansada. Pero todo bien muy pronto, solo fue eso. Ya a todo dar!”, respondió.
Y es que Lucero no solamente salió a cantar sus grandes éxitos. También lució un hermoso traje para interpretar un amplio repertorio, en una noche donde la música mexicana, la balada y el pop se encontraron frente a un público entregado.
Dos voces, muchos recuerdos y una complicidad evidenteEl concierto duró poco más de dos horas. Tiempo suficiente para que cada uno recorriera parte de su historia musical y para que ambos compartieran canciones que el público reconoció desde los primeros acordes.
Lucero interpretó temas de su repertorio, mientras Mijares hizo lo propio con sus grandes éxitos. Pero los momentos más celebrados llegaron cuando ambos estuvieron juntos sobre el escenario.
Hubo pop, baladas, rancheras y un popurrí de canciones muy conocidas que llevó a los asistentes a recorrer distintas etapas de la música que los ha acompañado durante décadas.
La gente cantó, aplaudió y respondió con entusiasmo. Arriba del escenario, la energía era similar.
Lucero y Mijares, quienes fueron pareja y esposos y tienen dos hijos, han conseguido construir una relación profesional que se distingue por la confianza, el humor y una complicidad que se percibe en cada presentación.
Durante la noche jugaron en varias ocasiones con las especulaciones que suelen rodear su relación. Las bromas provocaron risas entre ellos y también entre el público, que disfrutó esa camaradería y complicidad que se ha convertido en parte del sello de sus conciertos.
No se trataba únicamente de cantar juntos. Era evidente que habían encontrado una manera de compartir el escenario, de divertirse y de hacer que esa buena relación se reflejara en cada canción.
Canciones que atraviesan generacionesLa presentación también dejó claro que la música de Lucero y Mijares no se quedó en una sola generación.
Los “chavorrucos” fueron una presencia importante entre el público, pero no estuvieron solos. Muchos jóvenes llegaron para conocer, disfrutar y cantar canciones que forman parte de la memoria musical de sus padres, pero que también han encontrado un lugar entre las nuevas generaciones.
Esa mezcla de edades le dio a la noche un ambiente especial. Había quienes recordaban los primeros años de sus carreras y quienes apenas comenzaban a descubrirlos.
Y todos encontraron un punto de encuentro en las canciones.
Una noche que Cancún recordaráCuando las luces del escenario comenzaron a apagarse, quedó la sensación de haber vivido una noche fuera de lo común.
Hubo lluvia, calor, largas horas de espera, viajes desde otros continentes, bromas, canciones y miles de voces cantando al mismo tiempo.
Para algunos, la presentación significó reencontrarse con una parte de su historia musical. Para otros, cumplir el sueño de ver a Lucero y Mijares en vivo. Para la joven rumana y sus amigas, fue el resultado de un viaje de más de un día y una inversión considerable para estar en Cancún.
Y para la ciudad, fue una noche de celebración, música y encuentro.
Lucero y Mijares no solamente ofrecieron un concierto. Dejaron una de esas noches que se cuentan después, con la sonrisa de quien estuvo ahí y pudo decir: yo también lo viví.
Con información de InZoomMX

