El Gobierno cubano encabezó este martes la tradicional Marcha de las Antorchas, en vísperas del aniversario 173 del natalicio del prócer independentista José Martí, con un discurso de reafirmación y unidad en medio del aumento de las tensiones con Estados Unidos.
La procesión nocturna partió desde la escalinata de la Universidad de La Habana y recorrió poco más de un kilómetro hasta la Fragua Martiana, monumento que rinde homenaje al escritor y líder independentista.
El acto representó una nueva demostración del poder de convocatoria del Ejecutivo —aunque formalmente es organizada por la oficialista Federación Estudiantil Universitaria (FEU)— en un contexto de máxima presión política y económica, agravado tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro.
El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, encabezó la marcha acompañado por altos cargos del Gobierno y del Partido Comunista de Cuba (PCC), único legal. En esta ocasión no estuvo presente el expresidente Raúl Castro, de 94 años, quien se ausentó por primera vez en al menos una década.
La movilización de este año también estuvo dedicada al expresidente Fidel Castro, con motivo del centenario de su nacimiento, según informó la prensa estatal.
La Marcha de las Antorchas forma parte del calendario revolucionario cubano y se realiza desde 1953, cuando estudiantes universitarios, liderados por la FEU, recorrieron el mismo trayecto en la víspera del centenario del nacimiento de Martí. Aquella primera edición contó con la participación de Fidel Castro, antes de iniciar su lucha armada.
Actualmente, Cuba atraviesa una profunda crisis económica, agravada por la incertidumbre tras la detención de Maduro y el fin del suministro de petróleo desde Venezuela, su principal proveedor. Esta situación ha endurecido el discurso del Ejecutivo frente a Washington.
Díaz-Canel aseguró recientemente en redes sociales que Cuba está “dispuesta a defender la Patria hasta la última gota de sangre”.
Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez afirmó que, en respuesta a los pronósticos de “caída” emitidos por el presidente estadounidense Donald Trump, miles de cubanos salieron a las calles de La Habana para honrar a José Martí y reafirmar una posición “antimperialista e inclaudicable”.
Trump declaró que Cuba “está a punto de caer” tras perder el respaldo económico y petrolero de Venezuela. Desde entonces, Washington ha intensificado la presión sobre La Habana, asegurando que el fin del envío de crudo agudizará la crisis y provocará un cambio de régimen.
El Gobierno cubano ha condenado la intervención en Caracas como un “acto de terrorismo” y ha advertido a Estados Unidos que no tolerará intimidaciones ni amenazas. No obstante, ha expresado su disposición a mantener un diálogo basado en “igualdad y respeto”, sin coerción.
