Tulum. Los espeleobuzos Alejandro Álvarez y Alberto Nava, miembros del Proyecto Espeleológico Tulum y descubridores del esqueleto de Naia en 2007, han denunciado un hecho de extrema gravedad: la destrucción de restos humanos y fauna pleistocénica con más de 20 mil años de antigüedad dentro de Hoyo Negro, considerado el sitio arqueológico subacuático más importante de la Península de Yucatán.
Durante trabajos científicos realizados para el Instituto Nacional de Antropología e Historia, los investigadores documentaron la irrupción de cinco buzos extranjeros —procedentes de Brasil— que ignoraron deliberadamente señalizaciones oficiales que prohíben el acceso al sitio. Sin guía, sin control y con evidente falta de capacidad técnica, descendieron hasta el fondo del pozo, alterando de manera irreversible un delicado sedimento que resguardaba evidencia clave sobre los primeros habitantes del continente.
De acuerdo con el testimonio de Nava, los daños no fueron menores: los intrusos removieron restos óseos que habían permanecido intactos durante milenios. Un esqueleto de puma de aproximadamente 15 mil años fue volteado y sufrió la fractura total de sus colmillos; un oso prehistórico —especie incluso desconocida en la región— fue desplazado y manipulado, comprometiendo su valor científico.
Señaló que estas acciones destruyeron información irrecuperable sobre el pasado remoto de la humanidad y los ecosistemas del Pleistoceno.
El responsable identificado del grupo, Lucas Costa Dos Santos, habría ingresado al sitio sin autorización y sin respetar las normas establecidas por las autoridades mexicanas. Además, se detectó que el grupo no contaba con guía local y se encontraba vinculado a una operación turística informal, evidenciando una falla grave en la supervisión y regulación de estas actividades.
Por su lado, Alejandro Álvarez advirtió que esta no es una situación aislada. En repetidas ocasiones, equipos no capacitados han accedido ilegalmente a cuevas protegidas, poniendo en riesgo no solo su propia seguridad, sino también un patrimonio único en el mundo.
A pesar de la existencia de señalética oficial y restricciones claras, estas son sistemáticamente ignoradas.
