Rubén Borau, director de Gestión de Riesgos, recuerda su experiencia en los rescates de 1985 y destacó avances en prevención y organización tras cuatro décadas
Cancún, 19 de septiembre (InZoom.Mx).- El biólogo Rubén Borau García, hoy director de Gestión de Riesgos en Materia de Protección Civil de la Secretaría de Gestión y Desarrollo Urbano, revivió en entrevista lo ocurrido hace cuatro décadas durante los terremotos de septiembre de 1985 en la Ciudad de México.
Recordó que el primero ocurrió la mañana del 19 de septiembre, mientras que el segundo, el día 21, sorprendió a rescatistas y ciudadanos que ya trabajaban en estructuras colapsadas.
“Fue la ciudadanía la que reaccionó muy al principio”, subrayó.
Borau, entonces comandante recién nombrado del Escuadrón de Rescate de Seguridad Urbana del Estado de México y estudiante universitario, narró cómo la falta de tecnología y organización obligó a que vecinos y brigadistas improvisaran con pocos recursos para salvar vidas.
El reto de enfrentar lo inesperado
“El sismo nos agarró totalmente por sorpresa. No había sistemas de comunicación ni protocolos como los que existen ahora”, relató. Junto a sus compañeros, organizó un centro de comando improvisado en la colonia Doctores, donde participaron en rescates de personas atrapadas en restaurantes y viviendas colapsadas.
Según dijo, las primeras horas fueron cruciales: “Al principio rescatábamos familias completas, pero era peligrosísimo. Caminábamos entre escombros inestables y nos jugábamos la vida. Éramos jóvenes y no estábamos preparados para algo así”.
Aprendizajes después de cuatro décadas
Al comparar el terremoto de 1985 con el de 2017, el especialista resaltó que las normas de construcción implementadas tras el primer evento evitaron más colapsos en el segundo, aunque muchas víctimas se registraron en edificios antiguos que no cumplían con esas reglas.
En entrevista con Radio Fórmula, enfatizó que los desastres no son producto exclusivo de la naturaleza: “Los desastres no son naturales, son socialmente creados, porque nosotros mismos nos colocamos en situaciones vulnerables”.
También destacó que en la actualidad existen mejores sistemas de comunicación, brigadas capacitadas y mayor conciencia preventiva, aunque advirtió que persisten riesgos derivados de construcciones deficientes y la ocupación de zonas no aptas.
Finalmente, subrayó la importancia de la gestión de riesgos como política pública.
“Por cada dólar que inviertes en prevención, te ahorras siete en pérdidas”, señaló, al insistir en que la sociedad debe apostar a mitigar y prevenir antes que reaccionar.
“Hoy la clave es invertir en que no se caigan los edificios y en reducir vulnerabilidades. La naturaleza siempre estará presente, lo que debemos cambiar es cómo nos preparamos”, concluyó.
