JMM.- En medio de la temporada de lluvias, surge preocupación entre pobladores mayas de la zona por el olvido paulatino de una de las ceremonias agrícolas más importantes del calendario tradicional: el Ch’a’acháak, un ritual maya para pedir lluvia, indispensable para el buen desarrollo de la milpa.
Don Miguel Uc, campesino y conocedor de las costumbres ancestrales, explicó que esta ceremonia es un pedimento solemne a los Chaako’ob (dioses de la lluvia), que solía realizarse antes de la siembra para asegurar que la temporada sea abundante y que el maíz, base de la alimentación, no falte en los hogares.
“Es casi la vida, porque cuando no hay lluvia, no hay maíz, no hay comida”, expresó con firmeza.
Don Miguel lamentó que actualmente esta práctica espiritual se está perdiendo, pues muchos jóvenes ya no la conocen ni la valoran.
“Antes se le tenía respeto a la tierra, se preparaban los alimentos, se ofrecía lo mejor que se tenía: el maíz, el pibil, las flores… Hoy la gente ya no cree, ya no hay fe”, señaló.
El Ch’a’acháak representa no solo un acto ritual, sino una conexión profunda entre la comunidad, la naturaleza y los dioses. Sin embargo, don Miguel advierte que las nuevas generaciones están dejando atrás estas raíces.
“Ahora los jóvenes sólo piensan en otras cosas, se olvidan del respeto a la milpa y a los dioses; y eso tiene consecuencias”, aseguró.
Aunque no afirma que las sequías o dificultades económicas sean castigos divinos, considera que el alejamiento de las tradiciones ha traído desequilibrio.
“No es que los dioses castiguen, pero si tú dejas de pedir la lluvia, si olvidas tus costumbres, ¿cómo esperas que la tierra te dé su fruto?”, reflexionó.
Frente a esta situación, don Miguel hizo un llamado a rescatar la enseñanza de los abuelos. Sugirió que desde la familia y las escuelas se impulse el conocimiento de estas prácticas, no sólo como folclor, sino como parte viva de la identidad maya.
“Que los niños escuchen, que aprendan, que no olviden que hay una manera de hablar con la naturaleza y pedirle que no nos falte el pan”.
El Ch’a’acháak sigue realizándose en algunas comunidades de la Península, pero cada vez con menor participación. La voz de los ancianos como don Miguel es un recordatorio urgente de que la espiritualidad, la tierra y la cultura están entrelazadas, y que conservarlas es vital para el futuro colectivo.
