Socios de la OTAN rechazan envío de buques al Estrecho de Ormuz pese al ultimátum de Trump.
InglaterraPor Agencias
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado un ultimátum a sus aliados estratégicos: o envían buques de guerra al estrecho de Ormuz para desbloquear el suministro mundial de petróleo, o el futuro de la OTAN se verá seriamente comprometido. A través de sus redes sociales y en declaraciones al Financial Times, el mandatario instó a naciones como Reino Unido, Francia y Japón a unirse a un «esfuerzo conjunto» para reabrir la vía marítima, actualmente cerrada por Teherán en represalia a los ataques aéreos de Washington e Israel.
La respuesta de las potencias europeas y asiáticas ha sido de un rechazo tajante, marcando una de las mayores grietas diplomáticas en la historia reciente de la alianza. El canciller alemán, Friedrich Merz, y su ministro de Defensa, Boris Pistorius, han sido los más contundentes al señalar que «esta no es nuestra guerra». Según el gobierno alemán, la ofensiva contra Irán no cuenta con el respaldo de organismos internacionales ni fue consultada previamente con sus socios, lo que anula cualquier posibilidad de intervención militar.
El cierre de facto del estrecho de Ormuz ha generado una crisis energética sin precedentes, dado que por esta ruta circula aproximadamente el 20% del crudo mundial. Sin embargo, para países como Alemania, la falta de un mandato de las Naciones Unidas o de la Unión Europea impide legalmente su participación. «Carecemos del mandato exigido por la Ley Fundamental», declaró Merz en Berlín, subrayando que el conflicto no tiene relación alguna con las responsabilidades de defensa colectiva de la OTAN.
En el Reino Unido, Francia y Australia, la postura se mantiene en sintonía con la cautela europea, calificando la situación como un conflicto ajeno. Por su parte, Japón también ha tomado distancia; el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, confirmó ante el Parlamento que su nación no contempla, por el momento, lanzar operaciones de seguridad marítima en la zona. Esta negativa colectiva deja a Estados Unidos en una posición de aislamiento operativo frente a la respuesta iraní.
La interrupción del flujo en Ormuz ya es considerada la mayor en la historia del comercio energético, disparando los precios del petróleo a niveles récord. Trump insiste en que aquellos que se benefician del libre tránsito en el estrecho deben asumir los costos de su seguridad, pero sus aliados ven en la petición una trampa que los arrastraría a un conflicto bélico directo con Irán, iniciado unilateralmente por la Casa Blanca.
Finalmente, la tensión escala no solo en el mar, sino en los despachos diplomáticos. Mientras Washington presiona para militarizar la zona bajo la bandera de la cooperación internacional, Berlín y sus vecinos se aferran a la legalidad internacional y a la soberanía de sus decisiones de defensa.
