Washington exige la renuncia de Díaz-Canel para avanzar en las Negociaciones sobre el embargo.
Estados UnidosPor Agencias
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó su retórica contra el gobierno de la isla al afirmar desde la Casa Blanca que considera un “honor” la posibilidad de “tomar Cuba”. Durante una ceremonia de firma de una orden ejecutiva, el mandatario reiteró su postura de que el país caribeño es un “Estado fallido” y sostuvo que tiene la facultad de actuar según su voluntad, situando a la nación antillana como el siguiente objetivo en su lista de adversarios tras las tensiones con Irán.
Esta escalada verbal coincide con revelaciones de The New York Times, que señalan que la administración Trump ha condicionado cualquier avance significativo en las relaciones bilaterales a la salida del poder de Miguel Díaz-Canel. Según fuentes cercanas a las conversaciones, Washington habría comunicado a los negociadores cubanos que la renuncia del mandatario de 65 años es un requisito indispensable, aunque sugieren que el resto de la estructura gubernamental podría mantenerse.
Ante los cuestionamientos de la prensa sobre si el término “tomar” implicaba una liberación o una ocupación, el magnate fue ambiguo pero contundente al declarar: “creo que puedo hacer lo que quiera con él, para serles sincero”. Al ser consultado sobre si una eventual acción militar seguiría el modelo aplicado contra Irán o la estrategia hacia Venezuela, Trump evitó dar detalles técnicos, limitándose a confirmar que la isla está en su radar de prioridades.
El respaldo a esta postura llegó también desde el Legislativo, donde el senador republicano Lindsey Graham celebró que el Ejecutivo esté confrontando a los regímenes autoritarios “uno por uno”. Según la visión de Washington, la ubicación geográfica de Cuba —a solo 150 kilómetros de Florida— y sus alianzas estratégicas con potencias como Rusia, China e Irán, constituyen una “amenaza excepcional” para la seguridad nacional estadounidense.
A pesar de la presión externa, la naturaleza de los contactos diplomáticos actuales permanece bajo un halo de misterio. El propio Miguel Díaz-Canel confirmó recientemente que ambos gobiernos mantienen canales de negociación abiertos, aunque no profundizó en los temas tratados. El reporte de la prensa neoyorquina indica que, si bien la exigencia de Washington es la salida del líder cubano, la resolución de los acontecimientos posteriores quedaría, en teoría, en manos de los actores locales.
Desde su retorno a la presidencia en 2025, Donald Trump ha mantenido una política de confrontación directa contra los liderazgos de izquierda en América Latina.
